domingo, 29 de diciembre de 2013

ALERGIAS E INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS EN LOS BEBES

¿Cómo detectarlas?

Cuando empieces con la alimentación complementaria podrás sacar dos tipos de conclusiones. La primera tiene que ver con suspreferencias, ¿qué sabores o texturas le gustan más?; la segunda, y más importante para su salud, es ¿es alérgico o intolerante a algún alimento?

Intenta introducir de forma gradual aquellos productos más problemáticos, haciendo un seguimiento de cómo reacciona ante ellos. Una vez comiences el proceso de destete, dale solo aquellos alimentos que tienen una baja probabilidad de producir alergias como el arroz, las manzanas o las peras. A partir de los seis meses, y siempre combinándolos con la leche materna, puedes probar con más alimentos.
Las alergias suelen darse más en bebés que en adultos, incluso así solo afectan a un 7-8% de los niños durante la primera infancia y muchas, como la alergia a la leche de vaca, desaparecen a medida que el niño crece.

Cómo distinguir una alergia de una intolerancia:

Básicamente por los síntomas. Mientras que una alergia implica una reacción extrema del sistema inmunológico, una intolerancia, por ejemplo a la lactosa, hace que el cuerpo no la pueda digerir. 


Los síntomas más comunes de alergia a un alimento son:
  • Hinchazón de ojos y labios
  • Diarrea, vómitos y, a veces, estreñimiento
  • Resuello, moqueo, ojos enrojecidos y estornudos
  • Picores, urticaria y eczemas


Los resuellos marcados y la dificultad para respirar pueden ser señal de anafilaxia, lo cual requiere atención médica inmediata, aunque afortunadamente este tipo de reacción alérgica grave se da raramente.

¿Qué alimentos son más propensos a causar alergia?

Alimentos a base de trigo y otros alimentos que contienen gluten
  •    Leche
  •    Huevos
  •    Pescados y mariscos
  •    Cacahuetes
  •    Frutos secos
  •    Semillas


Si te preocupa que tu bebé pueda sufrir una alergia, procura consultar a tu pediatra antes de incluir alguno de los alimentos que hemos marcado arriba, y sobre todo no se los des al bebé antes de los 6 meses.

¿Qué hacer si sufre una reacción alérgica?

Si tu bebé reacciona a algún alimento que ha tomado, llévale al médico, que podrá diagnosticar el problema y aconsejarte cómo tratar la alergia o intolerancia. Si diagnostican al bebé una alergia o intolerancia, puede llevarte un tiempo familiarizarte con los alimentos que puede y no puede tomar; hasta ese momento, lee siempre la etiqueta (la legislación sobre etiquetas para los alimentos te ayudará a detectar los alimentos que contienen posibles sustancias alergénicas).


CONSEJOS PARA PREVENIR LA OBESIDAD INFANTIL


ENSEÑAR A LOS NIÑOS ACOMER


APRENDIENDO A COMER

Un aspecto importante relacionado con la alimentación infantil en las primeras etapas es la adquisición de habilidades que le serán útiles para su propia autonomía como beber de un vaso, comer con cuchara, con los dedos, manipular y roer alimentos sólidos, estar en la mesa con el resto de la familia, etc. Además las comidas son oportunidades para la comunicación por eso conviene:
  • Sentarse junto al niño o niña al que se está alimentando.
  • Ofrecer los alimentos de forma calmada y positiva.
  • Permitir que experimenten con ellos, que utilice sus manos o intenten manipular los utensilios.        
  • Favorecer que el niño o niña pequeño se siente a la mesa como el resto de la familia.
  • Estar atentos a sus señales de saciedad: escupe la comida, vuelve la cabeza, quiere jugar, se duerme…
Entre el primer y el segundo año de vida se produce una etapa de transición entre la alimentación “de bebé” y las comidas familiares normales por ello es recomendable favorecer que los niños y niñas aprendan a:

Comer con los dedos. Desde que los bebés muestran interés por el alimento de los demás y por los restos o migas que quedan en la mesa están preparados para probar alimentos sólidos y progresivamente para roerlos y manipularlos. Conviene que exploren la comida con las manos y la boca como por ejemplo gajos de naranja, pan, galletas, trocitos de fruta blanda, pescado desmigado, queso, jamón cocido…

En menores de tres años el atragantamiento es un riesgo. Es más fácil que ocurra con alimentos en fragmentos pequeños, duros y o resbaladizos tales como frutos secos (pipas, cacahuetes, almendras, avellanas, o sus cáscaras), trozos de manzana, aceitunas.

Usar el tenedor y la cuchara. Al principio lo hacen torpemente, se les vuelca la cuchara y se ensucian. Algunos trucos para iniciarlos en su manejo pueden ser practicar con alimentos espesos como el yogur o el puré en un recipiente no muy lleno y utilizar un babero grande o un delantal para evitar lavar toda la ropa. Al principio también es útil darles un tenedor con el alimento ya ensartado y más adelante permitir que lo usen ellos solos.

Beber en vaso o taza. Esto suelen haberlo aprendido antes. Conviene que sea de plástico y de tamaño adecuado a sus manos. Las asas no son necesarias. El biberón se debe abandonar a lo largo de este año. 

Probar nuevos alimentos. A lo largo de este segundo año de vida se les pueden ofrecer todos los alimentos normales de la familia. Una buena oportunidad es mientras la familia come alrededor de la mesa. Muchos niños y niñas de esta edad muestran apetencia por alimentos de sabor fuerte como el queso curado o el salmorejo… Si la iniciativa sale del niño o de la niña es mucho más probable que le guste. 

La participación del niño o niña en la mesa familiar es una oportunidad para la interacción social y debe hacerse tan a menudo como sea posible. Padres, madres, hijos e hijas deben comer juntos y procurar que ese momento sea agradable para todos, a ser posible sin ver la televisión para facilitar la comunicación familiar y evitando discusiones durante su desarrollo.

Durante las comidas, es conveniente que algún adulto o persona que cuida esté sentada junto al niño o niña y le ayude a mantener la atención pero favoreciendo su autonomía.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

PROBLEMAS DE ALIMENTACIÓN EN LA INFANCIA

La conducta de alimentación en los niños va cambiando de forma progresiva. Durante los primeros meses es básicamente pasivo, es decir, el bebé acepta o rechaza el alimento que se le ofrece sin que se produzca ningún contacto con dicho alimento. Posteriormente, va interesándose por la comida estableciendo contacto manual con ella y pasando a participar de forma activa en su alimentación. Cuando tienen un año y medio suelen pedir, reconocer y comer de forma autónoma algunos alimentos, consiguiendo la autonomía alrededor de los 3 años.

Las preferencias o rechazos que manifiestan los niños por algunos alimentos, sabores, texturas o formas de preparación suelen manifestarse muy pronto: por ejemplo, rechazar el biberón cuando le cambian la tetina. Pero es a partir de los 2 años cuando empiezan a rechazar de forma reiterada determinados alimentos, sabores, colores, texturas y formas de preparación. Estos rechazos van evolucionando con el paso de los años y suelen superarse entre los 7 y 12 años.

Negación y rechazo de los alimentos


El niño tiene sus preferencias y es normal que haya alimentos que le gusten mucho, otros poco y algunos nada. A veces el rechazo se corresponde con sabores o texturas, como el sabor de algunas verduras, y sustituirlos por otros no sería ningún problema siempre que no afecte a las necesidades nutricionales del niño. Pero en otros casos, estos rechazos se producen a una gran variedad de alimentos y no pueden ser eliminados ni sustituidos de su dieta, es cuando deberíamos actuar para conseguir una conducta alimentaria adecuada.
Muchos de los rechazos son aprendidos por modelado, es decir, si alguien de la familia no come nunca verduras y las sustituye por otro alimento, el niño puede aprender a pedir el mismo trato. En otros casos, el rechazo puede deberse a experiencias negativas con esos alimentos.

El rechazo a alimentos sólidos es uno de los más frecuentes, apareciendo normalmente cuando la madre pasa de triturar la comida a no triturarla. En estos casos el rechazo suele ser fruto de las costumbres establecidas por la madre que siempre le tritura la comida para que el niño coma más cantidad y más rapidamente. Es una cuestión de reforzamiento: en los primeros intentos de dar comida sólida al niño se producen momentos difíciles: el niño se atraganta, le cuesta masticar; la madre tarda más en darle de comer, tiene que aguantar las protestas del niño, le preocupa que coma menos y que pierda peso, etc. Por todo esto, la madre vuelve a dar el alimento triturado al niño y éste no sólo lo acepta sino que come rápidamente, sin problemas ni protestas, este comportamiento queda reforzado (para el niño y para la madre) y su mantenimiento también queda asegurado.

Importante también es, que cuando al niño se le obliga a que coma sin hambre aprende a que la actividad de comer es algo desagradable: llantos, riñas, castigos, amenazas..., lo que producirá reacciones de evitación ante la comida. Lo más frecuente es que el niño se niegue a comer en determinadas situaciones: si no ve la tele, si no le da la madre, etc. La conducta de comer queda reforzada por la atención que recibe de la madre o porque ha conseguido ver la televisión.

¿Qué podemos hacer?

Debemos dirigir nuestra intervención a conseguir que el niño acepte de forma paulatina los alimentos o formas de preparación que hasta ahora rechazaba.

Podemos diseñar un programa de reforzamiento diferencial: los padres reforzarán las aproximaciones graduales a la conducta deseada (comer el alimento) y extinguir con retirada de la atención (no haciendo caso al niño) la conducta de rechazo de los alimentos. Inmediatamente después de cada una de estas aproximaciones graduales a la conducta deseada los padres deberán premiar al niño con algún refuerzo previamente pactado o con refuerzo social (mimos, elogios, etc.).

Si el rechazo se produce por el saber de los alimentos, podemos mezclarlo con otros que sean del agrado del niño para así enmascarar su sabor. Pero esta estrategia sólo debe considerarse de manera transitoria, siendo necesario ir aumentando progresivamente la cantidad de alimento cuyo sabor era rechazado hasta que llegue a comerlo sin mezclarlo.




Ante la negativa a comer si no se dan ciertas circunstancias como no comer solo y que la madre tenga que darle el alimento, debemos valorar si el niño tiene las habilidades necesarias para comer solo, y por tanto la negativa es una búsqueda de atención materna, o si la dificultad que le supone comer él solo es debido a un inadecuado aprendizaje de los hábitos de autonomía.

Si el niño sí tiene las habilidades necesarias para comer solo y su negativa se debe a la interrupción de las actividades que le gustan (ver la tele, jugar) por culpa de la comida, se debe reorganizar la contingencia comida-juego, utilizando una actividad reforzante como premio, sólo cuando el niño haya comido él solo una cantidad determinada de alimento. Mejor comenzar la intervención en una comida en la que sea fácil esta reorganización, por ejemplo en la merienda que puede darse al niño cuando llegue de la guardería o escuela y permitirle jugar sólo después de comer. Cualquier intento de comer solo y sin jugar ni ver la tele debe ser reforzado verbalmente, mientras que se le recuerda que cuando acabe de comer podrá jugar a lo que tanto le gusta. Por el contrario, cualquier negativa debe ser acompañada de retirada de la atención. Posteriormente, debemos extender este aprendizaje a otras comidas más conflictivas. Es muy conveniente e importante que paulatinamente se vaya incrementando el tiempo de demora entre la finalización de la comida y el acceso al juego, para así ir acomodándose a las distintas situaciones de la vida real.

Si lo que rechaza el niño es comer alimentos sólidos, es conveniente empezar la intervención con la comida que puedan dedicar más tiempo y seleccionar algunos alimentos que más le guste al niño para ofrecerle pequeñas cantidades sin triturar. Se debe reforzar al niño efusivamente e inmediatamente después de cualquier intento por comer el alimento sólido. Ante cualquier negativa por comer debe retirarse la atención. Pasado un tiempo prudencial se le retira la comida que quede en el plato y no se le vuelve a dar nada hasta la comida siguiente. Progresivamente tenemos que ir introduciendo los alimentos que le gustan menos y hacer extensivo el procedimiento a todas las comidas.

Tiempo que tardan en comer


La edad del niño, el hambre que tenga, lo apetitosa que le resulte la comida, la cantidad de comida, la habilidad para manejar los cubiertos, etc., son variables de las que depende el tiempo que tarda en comer el niño. Algunos autores consideran una duración adecuada una media entre 30 y 40 minutos para una comida de dos platos. Lo primero que debemos valorar es que si el tiempo que tarda el niño en comer es realmente un problema para él o realmente lo es para los padres que no disponen de mucho tiempo para la comida.

Si un niño come demasiado lento puede ser porque la comida realmente no le guste (como suele pasar con las verduras) o porque le es complicado tragar (como pasa con la carne, que el niño mastica y mastica hasta que la carne se convierte en una bola seca difícil de tragar). En estos casos si le obligamos a tragárselo pueden producirse arcadas y vómitos, lo que dará lugar a sacarse la bola de la boca y tirarla. Esta conducta se mantiene por las consecuencias: tragar por ejemplo la carne resulta aversivo para el niño y al forzarle a tragar se produce otra situación aversiva para el niño y para la madre, las náuseas y/o el vómito, posteriormente permitiendo que el niño tire la bola estamos reforzando negativamente su conducta.

La lentitud al comer puede ser también una forma de reclamar la atención de los padres, y suele quedar reforzada positivamente al conseguir que la madre acabe dando la comida al niño. Para la madre el hecho de acabar dando de comer al niño queda reforzado negativamente al poner fin a su problema de tener que escuchar los llantos del niño o protestas por no querer comer, pero a largo plazo está contribuyendo a perpeturar este comportamiento.




¿Qué podemos hacer? 

La intervención en los casos en que los niños tarden demasiado en comer debe comenzar por eliminar las actividades que entretienen al niño mientras come.  Estas son las pautas generales para reducir la duración de las comidas:

1.  No dar al niño ningún alimento entre comidas.


2.  Procurar que no coma nada antes de empezar a comer.


3.  Deben preverse posibles peticiones o comportamientos que puedan interrumpir las comidas (lavarse las manos, ir al baño, pedir agua, etc.), procurando que los lleve a cabo antes de sentarse en la mesa.


4.  Utilizar algunas medidas de control estimular, fundamentalmente, eliminar o quitar la mesa o de su alcance todos lo objetos que puedan distraer al niño.


5.  No responder a los comentarios de demanda de atención y/o comportamientos inadecuados (parar de comer, jugar con los cubiertos, etc.) que puedan tener lugar durante la comida.


6.  Si aún llevando a cabo los pasos anteriores es necesario reducir más el tiempo, puede hacerse lo siguiente:


      6.1.  Durante la comida situar un reloj con alarma delante del niño.


    6.2.  Empezar con un límite de tiempo ligeramente inferior al que normalmente requiere para comer o el menor que haya empleado en una comida similar.


     6.3.  Informar al niño de que tendrá un determinado periodo de tiempo para comer, y que cuando ese tiempo se acabe sonará el reloj.


     6.4.  Si se lo ha comido todo se le premiará con uno de los reforzadores que previamente se hayan acordado.


     6.5.  Si cuando suena el reloj no ha terminado, se le retirará el plato de la mesa y no se le dará el premio.


     6.6.  Durante el plazo establecido puede irse informando al niño, señalando el reloj, de cómo lo está haciendo. No deben hacerse otro tipo de comentarios durante las comidas.


     6.7.  Las reducciones de tiempo deben ser muy graduales.


7.   Si ha comido dentro del límite, se le dará el reforzador pactado. Si no es así se le retira el plato sin hacer ningún comentario. En este caso, no podrá obtener el reforzador pactado por ningún otra vía.



http://tusdudaspsicologia.blogspot.com.es/2012/04/problemas-de-alimentacion-en-la.html

martes, 3 de diciembre de 2013

LA CENA

Una cena ligera y nutritiva puede ayudarles a reponer fuerzas y a descansar mejor por la noche.

En ocasiones, al acabar la jornada escolar, los niños continúan acudiendo a clases extraescolares o realizando deporte, por lo que una alimentación adecuada es un factor importante para que los más pequeños tengan fuerza y ánimo durante todo el día.

Cenas variadas y apetecibles


Por lo general, lo más indicado es que la cena incluya un plato de verduras, tanto crudas, en forma de ensalada, como cocinadas, etc. En caso de que al mediodía el niño haya comido pasta, arroz o legumbres, conviene ofrecerle bien una ensalada variada presentada de forma original con alimentos que le den color y la hagan más apetecible, o bien un plato de verduras cocinadas. En caso de que en el colegio el niño haya tomado una ensalada o un plato de verdura, por la noche puede cenar un plato de pasta o arroz, tortilla de patata... o incluso una original ensalada de pasta de colores, arroz o patata.

Los segundos platos en la cena


Los segundos platos de la cena no son tan contundentes y abundantes como los del mediodía. En el caso de los más pequeños no es usual que coman un filete como segundo plato en la cena. Si ese día han comido pescado, una buena opción sería ofrecerles por la noche unas croquetas de jamón o de pollo, una tortilla variada, pavo o pollo, unas salchichas frescas... mientras que si a la hora de comer el niño ha tomado carne, conviene que por la noche coma pescado o huevo.
El pescado es uno de los alimentos que más problemas presenta a la hora de ser consumido por los más pequeños debido a las espinas y a las alergias. Resulta útil ofrecerles piezas que no contengan espinas y cocinarlo de formas diferentes para que el niño no se aburra. Puede elaborarse con diferentes salsas o guarniciones de alimentos que den color al plato y, en algunas ocasiones, utilizarse como ingrediente de tortillas, empanadillas, croquetas o pudin.




LA MERIENDA

La merienda es el aporte nutritivo que necesita un niño durante un intervalo de tiempo, que transcurre entre la comida del mediodía y la cena, y que puede resultar demasiado amplio.

Las ventajas de merendar para los niños


La merienda de los niños
Tomar algo a media tarde supone una ventaja nutricional, ya que el aparato digestivo de los niños todavía está en pleno periodo de maduración y desarrollo, su organismo no está suficientemente preparado para estar muchas horas sin comer. La merienda supone un paréntesis y una recarga de energía muy útil y necesaria para continuar la jornada o para emprender una serie de actividades que requieren un esfuerzo psíquico y/o físico como es el caso de las actividades extraescolares realizadas por niños. Por otra parte, una merienda adecuada ayuda a controlar el sobrepeso, ya que siempre es un recurso eficaz para calmar el apetito y no llegar a la cena con demasiada hambre.

Reglas para una buena merienda infantil


1. Moderación. Las cantidades a ingerir no deben ser excesivas para evitar el exceso de calorías o anular el hambre para la cena. Se debe cuidar tanto el tipo de alimentos como la ración de los mismos.
2. Digestión. Evita que la merienda interfiera en el proceso de digestión de la comida del mediodía. Debe estar lo suficientemente alejada de la misma y no tomarse demasiado tarde para impedir que niño no tenga hambre a la hora de la cena.

¿Qué meriendan los niños?


1. Cereales. El pan, las galletas y los cereales en copos ofrecen al niño la energía necesaria para el buen funcionamiento de sus músculos y de su cerebro.
2. Productos lácteos. Un vaso de leche (con o sin chocolate en polvo), un yogur natural o de frutas, o un trozo de queso son alimentos ricos en calcio y en proteínas necesarios para su crecimiento.
3. Fruta. Una pieza de fruta o un zumo natural de frutas contiene fibra y la cantidad de vitamina C necesaria para reponer su sistema inmunológico, y el agua que necesita para calmar la sed.

Opciones poco saludables para merendar


La merienda debe ser equilibrada y balanceada con el resto de las comidas. Evita:
- Ofrecer al niño un paquete de galletas para calmar el hambre. 

- Permitir que el niño llene su tripa con patatas fritas, cacahuetes, dulces, etc. 

- Pensar que con un bollo (sobaos, donuts, etc) el niño estará alimentado. 

- Sustituir los zumos de frutas (porque al niño no le gusta) por bebidas gaseosas. 

- Permitir que el niño meriende viendo la televisión o delante del ordenador. Eso le distraerá y creará un mal habito de cara al futuro.